La noticia sacudió a Lomas de Zamora el fin de semana pasado. Mario César Aguirre, el sacerdote al que todos llamaban padre Mario, falleció el sábado 11 de abril a los 89 años. La Diócesis lomense confirmó la noticia y de inmediato comenzaron a llegar muestras de pesar desde distintos puntos del distrito, especialmente de aquellos barrios donde su tarea pastoral dejó huella. Pero fue en la parroquia Nuestra Señora de Luján donde su figura se volvió inseparable de la vida cotidiana, porque allí no solo ofició misas sino que también empujó el crecimiento del colegio parroquial que hoy sigue funcionando.
Aguirre nació un 27 de julio de 1936 y se ordenó el 18 de noviembre de 1961 en la Catedral Nuestra Señora de la Paz. Desde entonces acumuló más de sesenta años de servicio en el sur del conurbano, pasando por parroquias como Sagrada Familia de Banfield, San Judas Tadeo y Nuestra Señora de Lourdes en Lanús, y Nuestra Señora de Fátima en Lomas. Sin embargo, su vínculo con Nuestra Señora de Luján en Albertina fue el más largo y el que lo terminó de convertir en una referencia barrial. Allí se lo veía todos los días, no solo con la sotana sino también recorriendo el patio del colegio o charlando con las familias después de cada celebración.
Vecinos de todas las edades se acercaron el domingo a la Catedral Nuestra Señora de La Paz, para la misa de cuerpo presente. Fue una despedida multitudinaria que mostró lo que significaba ese cura de 89 años: alguien que bautizó a los padres y después a los hijos, que casó a parejas que hoy son abuelos y que siempre tuvo una palabra directa, sin vueltas. La Diócesis lomense y la comunidad pierde a uno de sus curas de barrio más queridos.

