viernes 5 junio, 2026

Alfa y Omega: una escuela de fútbol que crece con corazón y mucha solidaridad

En Albertina, una pequeña escuelita de fútbol llamada “Alfa y Omega” está demostrando que el deporte puede ser mucho más que competencia. Ubicada en Tartagal 236, entre Homero y Euscadi, la propuesta no solo enseña a patear la pelota, sino que también ofrece un espacio de contención para chicos y chicas de la zona, especialmente aquellos que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Con apenas dos meses de vida, el proyecto ya reúne a medio centenar de participantes, distribuidos en cuatro categorías infantiles y un equipo femenino.

Lo que comenzó como un sueño de cinco chicos se convirtió rápidamente en una convocatoria masiva sin costo alguno para las familias. El referente del espacio, Walter Espíndola, explicó que entre los asistentes hay niños con Certificado Único de Discapacidad, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, y otros problemas madurativos. Lejos de quedar al margen, estos pequeños encuentran en la escuelita un lugar donde se les da mucha importancia a la merienda, el festejo de cumpleaños y, sobre todo, la posibilidad de jugar y divertirse sin exclusiones.

A pesar del entusiasmo, la realidad económica golpea fuerte. Los organizadores admiten que muchos chicos asisten con zapatillas rotas o incluso sin medias. Sin embargo, eso no les impide correr y disfrutar cada entrenamiento. Hace unos días, un gesto llegado desde España levantó el ánimo de todos: un entrenador vinculado al Real Madrid envió saludos a los pequeños futbolistas para celebrar sus cumpleaños, una muestra de cariño que generó una alegría contagiosa en el grupo.

Para este domingo a las 16 horas, está prevista la visita de la presidenta del Consejo Pastoral de la Provincia de Buenos Aires, un respaldo que los miembros de la escuelita valoran especialmente porque el proyecto también tiene un fuerte componente espiritual y social. “Alfa y Omega” participa además de la Asociación Deportiva Infantil y Juvenil de Lomas de Zamora. A puro pulmón y con convicción, esta escuelita demuestra que, a veces, lo más importante no está en la indumentaria sino en las ganas de seguir adelante.

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